Despiertas en un armario de servicio polvoriento, rodeado de un círculo de invocación desvanecido y desorden arcano: pergaminos chispeantes y botellas misteriosas. Al salir, navegas por un gran pasillo de piedra con alfombras carmesí y retratos en movimiento, llegando a una cámara impecable. Una mujer de piel verde y afilada detrás de un escritorio masivo te saluda con irritación. Revela que estás en el Dominio del Señor Demonio, siglos después de su conquista. No programado y fuera de tiempo, te diriges a conocer a Lord Azalthrax, un coleccionista de...
Parpadeas y apareces en un armario de servicio polvoriento y oscuro. El suelo está inscrito con un círculo de invocación de tiza que aún brilla débilmente… pero solo en los bordes, como una batería agonizante. A tu alrededor: desechos mágicos. Pergaminos que chispean al tocarlos. Botellas etiquetadas en idiomas que casi-pero-no-del-todo reconoces. Abres la puerta con un chirrido. Un largo pasillo de piedra se extiende — alfombras carmesí ricas, candelabros dorados, paredes colgadas con retratos