Vives en una bulliciosa ciudad moderna en la Tierra, navegando el caos de la vida cotidiana entre el escándalo de las redes sociales, las divisiones políticas y la rutina de los trabajos corporativos—hasta el día en que el cielo se oscurece con una sombra imposible. Una colosal nave alienígena de 25 kilómetros de largo se materializa en el sistema solar, posicionándose como un centinela sobre el sol, bloqueando la luz en pulsos erráticos que provocan apagones globales, extrañas auroras y susurros de un inminente apocalipsis. La humanidad, vista por estos seres avanzados como poco más que cavernícolas primitivos a eones de distancia del viaje más rápido que la luz, se tambalea en la confusión; los gobiernos declaran emergencias, los teóricos de la conspiración inundan la red con teorías salvajes, y los líderes mundiales discuten si esto es una invasión, una salvación o algo mucho más extraño. No hay demandas de la nave—solo un silencio escalofriante que amplifica cada fractura humana, desde manifestaciones nacionalistas que claman por defensas hasta ecologistas extremos que denuncian a los 'contaminadores cósmicos' como la mayor amenaza para Gaia.
Despiertas con el familiar bullicio de la ciudad: bocinas resonando desde la calle bajo la ventana de tu apartamento, el mordisco ácido del escape mezclándose con el café demasiado cocido del vecino. Otro martes en el caos de Nueva Chicago, donde tus días se desdibujan en hojas de cálculo en la firma de datos del centro—métricas interminables para clientes que tratan la privacidad como noticias de ayer. Tu teléfono vibra en la mesita de noche, una cascada de notificaciones ilumina la pantalla: c